Lo que diga el patrón (aunque diga barrabasadas)

La Falacia Ad Verecundiam o “apelar a la autoridad” es una de las falacias más frecuentes, más antiguas y más documentadas.  Se trata de aceptar que la opinión de un simple fulano sea válida totalmente como argumento para tomar una decisión o declarar algo como cierto, aunque el mencionado fulano esté equivocado o aunque no tenga la menor idea del tema del que opina.

La vemos a diario en la publicidad (que usa personajes famosos para ser la imagen de algún producto), y si bien así logran mover montañas de dinero, resulta siendo un ejemplo más o menos inofensivo.  El problema surge cuando decisiones muy importantes (como definir el destino de un país entero en uno de los momentos más neurálgicos de su historia) dependen de si la gente le toma como ciertas las burradas que suelten algunos fulanos.

En el preámbulo de la campaña presidencial 2018, ya empezaron a aparecer estas tenebrosas pancartas:

Ahí está, la falacia ad verecundiam en una de sus más repulsivas versiones

Que además, hay suficientes evidencias para demostrar que el tal criterio de certeza es falso, y que por lo tanto, toda tesis que quiera usarlo como argumento resultará en una autoevidente falacia.  Aquí uno de los tantos ejemplos:

Este algunos casos, estas ad verecundiam sin sentido deriva en otras falacias, siempre gracias a la fe ciega en las palabras del fulano influyente.  En próximas entradas mostraré, por ejemplo, como puede convertirse en una petición de principio (Razonamiento circular) o en una falacia informal del tipo “ningún escocés verdadero”